Un invierno bajo techo

No hay mayor metáfora del bienestar que la de un tejado debajo del que refugiarnos. Más ahora que el frío invierno parece hacer sus primeros estragos. El hogar, el calor, la sensación de saberse resguardado de heladas, lluvias, granizadas y todas las inclemencias del periodo invernal no tienen precio. Sí lo tiene, aunque en casos como el que nos ocupa no es nada muy elevado, la reforma de tejados para viviendas. Y desde luego que no hay mejor tiempo que los primeros avisos del invierno para llevar a cabo la reparación de nuestro techo, para asegurar que el invierno no se quedará sobre nuestra casa. Y también para evitar los problemas de seguridad que pueden traslucirse de un tejado en mal estado, todavía más importante que el hecho de no pasar frío.

Cubiertas Estévez es un ejemplo de emprendimiento con conocimiento de causa. La empresa, líder del sector de construcción de cubiertas, reformas de tejados viejos y rehabilitación de edificios en la Comunidad de Madrid, se encarga de la reparación e impermeabilización de las cubiertas con la máxima garantía de éxito y satisfacción por parte del cliente en toda la región. La entidad madrileña asegura la calidad en todo el proceso de rehabilitación, para el que tienen lugar una serie de parámetros y aspectos básicos que se siguen en cada una de las actuaciones. Estos factores comunes se pueden resumir en la garantía en el uso de productos adecuados y sistemas que aseguran que la rehabilitación es definitiva; la ligereza, para evitar que el peso sea excesivo y sobrecargue la estructura del edificio, lo cual sería fatal; la facilidad de colocación, lo que contribuye a que el trabajo sea más seguro, eficaz y ágil; y la estética, ya que la mayor parte de las rehabilitaciones tienen como exigencia mantener la estética del entorno que las rodea o respetar la imagen tradicional del edificio, en caso de construcciones de carácter antiguo o que sean consideradas como históricas.

Evidentemente, todas las reformas de tejados siguen un proceso en el que hay varias fases. Y aunque cada rehabilitación es única, sí que aparecen patrones en la forma de llevarlas a cabo. Lo primero que tiene en cuenta esta entidad en su forma de trabajar es la adecuación del forjado, tratando de distinta forma, según el material básico y el estado de deterioración, por ejemplo, el tejado en cuestión. En esta primera fase se puede llegar a derribar el tejado si es preciso para volver a levantarlo de forma eficaz y segura. Posteriormente, tras el primer reconocimiento y sustitución, derribo o acondicionamiento de la estructura y el forjado, se coloca el aislamiento térmico, básico e imprescindible para conseguir la habitabilidad de la superficie que quedará por debajo del techo. En este caso también se coloca la impermeabilización con placas. Tras todo este proceso de acondicionamiento, impermeabilización y aislamiento térmico, se llega al proceso que todos entendemos como la rehabilitación del tejado: las tejas. De distintas formas, tipos y tamaños, las tejas contribuyen a la estética personalizada de la vivienda, pero también desempeñan una función relacionada con todos los pasos anteriores. Es importante que la rehabilitación se haga de principio a fin, es decir, que todos los procesos se sigan a rajatabla para evitar que, una vez reformado, el tejado acumule nieve o agua, o el paso de las mismas por no haber rematado bien la rehabilitación.

Para esta reforma de tejados se puede optar por varios tipos de cubierta. Fundamentalmente se separan en dos tipos: cubierta habitable y cubierta no habitable. Para la primera opción, se requieren cuatro puntos básicos: impermeabilización, ventilación, para evitar los problemas derivados de las variaciones en la presión de la temperatura, el aislamiento térmico, normalmente a base de paneles sobre el forjado inclinado de la cubierta, y ligereza de los elementos utilizados, para evitar el sobrepeso sobre la estructura principal, que puede derivar en problemas de mayor calado. En el caso de las cubiertas no habitables se sigue un proceso similar, con la salvedad de que la ventilación viene dada por la propia cámara de aire que forma el espacio que se sitúa bajo la cubierta.

Cuando llega el invierno, lo mejor es procurarse un buen tejado.