¿Por qué los autónomos no se cogen bajas?

¿Por qué los autónomos no se cogen bajas?

Este artículo está especialmente dedicado a los autónomos, a esas personas que parecen no enfermar nunca, que aparentemente tienen una salud de hierro, y que, rara vez cogen la baja. Y es que las cifras no dejan lugar a dudas, los autónomos cogen muchas menos bajas que los empleados por cuenta ajena. Esto, evidentemente, no es porque gocen de una salud mucho mejor que la del resto, sino, que simplemente, no se lo pueden permitir. Si no trabajan, no ganan dinero. Y no están los tiempos para esto. Las estadísticas del Ministerio de Empleo y Seguridad Social muestran que solo se da un 10,46/1000 de incidencias mensuales entre los autónomos, y se eleva a 27,46 en el caso de los trabajadores por cuenta ajena.

Bajas de autónomos VS bajas de trabajadores por cuenta ajena

Lo anterior, significa que las bajas al mes de los autónomos, es de unas 28.041 entre los primeros, mientras que en los trabajadores por cuenta ajena es de 416.033. Vemos, pues, que la diferencia es grande, una diferencia que se deja ver también en la duración de las incapacidades laborales.

“Los autónomos cogen pocas bajas, y solo cuando el riesgo para la integridad de su salud se encuentra al límite”, afirma Eduardo Abad, secretario general de UPTA (Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos), quien también asegura que “la enfermedad afecta directamente a su bolsillo, porque deja de facturar y debe seguir aportando su cotización al sistema”. Lo cual provoca que no se acojan tanto como los trabajadores por cuenta ajena, al sistema de protección por incapacidad transitoria.

Un trabajador por cuenta propia recibe de la Seguridad Social un 75% de la base de cotización de mes anterior en caso de baja por enfermedad profesional o por accidente laboral. El 80% de los autónomos cotiza por la base mínima , de 893,10 euros, lo que supone 669,80 por mes de los que hay que descontar los 267,3 que –recargos incluidos- tiene que seguir aportando. Eso, que supone una discriminación frente a los asalariados, que dejan de cotizar aunque su empresario sigue haciéndolo, reduce el líquido mensual a 402,50, claramente inferior al mínimo de subsistencia de los salarios sociales -426- y a los 532,51 del Iprem (Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples).

“Claro que parecen superhombres, continua Abad, salen de la baja como alma que lleva el diablo, porque si no, no pueden subsistir”. Además, dice Abad, el recargo en la cotización, “es de una perversión tremenda” y “El control es en ocasiones tan exhaustivo que llega a resultar agobiante”, apunta.

La salud bucodental, la gran olvidada de los autónomos

Si ya no se cogen bajas para no faltar al trabajo, por no cerrar el negocio, del tema de las visitas al dentista, ya ni hablar. Vamos que, para que un autónomo vaya al dentista, hay que empujarlo. Esto constituye un gran error, ya que su salud bucodental tiende a empeorar, y esto, unido al estrés, provoca que aumente el riesgo de sufrir un infarto. Ya sabes que la salud de los dientes y encías afecta a la salud integral del organismo, pudiendo incluso favorecer las enfermedades coronarias. Por no hablar del estrés… Un cóctel molotov, desde luego.

El cuidado de los dientes y encías es fundamental para estar sanos, afirman en, Clínica Prosperidad, diseñada para la comodidad y seguridad de todos y cada uno de sus pacientes, y donde disponen de la más alta tecnología dental para ofrecer el mejor diagnóstico y el mejor de los tratamientos.

La necesidad de regulación

La regulación de los motivos de baja para un autónomo es otra de las cosas que hay que revisar, ya que las aportaciones para cubrir enfermedades profesionales y accidentes de trabajo solo es obligatoria en las “actividades de especial penuria”, pero Abad afirma que “Es necesario ampliar el catálogo, ya que, por ejemplo, alguien que no trabaja en la construcción, como un repartidor, puede padecer problemas musculoesqueléticos de gravedad similar”.

El sistema de protección de los trabajadores por cuenta propia no tiene cobertura para los accidentes

y además, “muchos autónomos desarrollan tareas nocivas para su salud sin que necesariamente lo sea la actividad profesional que realiza”. Esto sucede en el caso de los transportistas, que también participan en las operaciones de carga y descarga.

Los autónomos tampoco tienen cobertura para los accidentes que se producen durante los desplazamientos entre el domicilio y el centro de trabajo. “¿Hay diferencias entre trasladarse a la tienda o la obra e ir a una fábrica o una oficina?”, cuestiona Abad.