Manglar en la isla de Saona

No te pierdas la isla de Saona si vas a la República Dominicana.

Indice

Saona es una pequeña isla semi-virgen situada en el extremo sureste de la República Dominicana. A tan solo 70 kilómetros frente a las costas de Punta Cana, una de las playas más visitadas del país. Para algunos se trata de uno de los rincones más bellos del Caribe. Naturaleza tropical en estado puro. Uno de esos tesoros turísticos que vale la pena descubrir.

Por desgracia, poco sabemos en España de la República Dominicana. Y eso que fue el primer lugar de América al que llegó Colón. Santo Domingo, la capital del país, es la primera ciudad que fundaron los españoles en el nuevo mundo.

A pesar de ese desconocimiento, la República Dominicana nos llama. Nos da la sensación de que es un paraíso en el que vamos a vivir una experiencia inolvidable. Su temperatura agradable, sus playas de arena fina y aguas azul turquesa. El paso lento de las horas, como una suave caricia en el cabello.

Quien no se imagina lo a gusto que estaría tumbado en una hamaca entre dos palmeras, sosteniendo en la mano un coctel de ron en cualquiera de las playas de la República Dominicana.

Y a pesar de todo lo que nos atrae, ¡qué poco sabemos de ella! La República Dominicana es mucho más que sol y playas. Mucho más que hoteles de todo incluido, levantados algunos de ellos por las grandes cadenas hoteleras españolas. Este país es cultura y naturaleza. Rincones maravillosos por descubrir, que a buen seguro nos sorprenderán. Como es el caso de esta bella isla de la que te vamos a hablar. La isla de Saona.

La isla de Saona.  

La isla Saona es un pequeño paraíso del Caribe situado frente a las costas de Bayahibe, en la provincia de Altagracia, a unos 140 kilómetros de Santo Domingo. Con una extensión de poco más de 100 kilómetros cuadrados, este rincón natural forma parte del Parque Nacional de Cotubanamá, lo que garantiza la protección de su valioso ecosistema.

En la isla solo existen dos asentamientos humanos: Mano Juan, un apacible poblado de pescadores con coloridas casas de madera, y Playa Catuano, donde se ubica una pequeña base militar. El resto del territorio es naturaleza: kilómetros de playas de arena blanca, arrecifes de coral, manglares y zonas de selva tropical que conforman un paisaje de ensueño.

Saona es el lugar ideal para quienes buscan desconectar del ruido y reencontrarse con la calma. Allí, el tiempo parece detenerse. El suave rumor de las olas, la brisa cálida y el entorno natural crean una sensación de serenidad absoluta. Tumbarse al sol, nadar entre peces de colores o simplemente contemplar el horizonte se convierte en una experiencia reparadora.

Este destino representa la imagen más soñada del Caribe. Si bien algunas zonas turísticas de República Dominicana pueden resultar bulliciosas, en Saona todavía se conserva ese ambiente tranquilo que muchos viajeros imaginan al pensar en las playas caribeñas. Una excursión a esta isla es, sin duda, una de las experiencias imprescindibles para cualquier turista que visita el país.

¿Qué ver en Saona?

Basándose en su experiencia, los redactores del blog Viajeros Callejeros proponen una de las rutas más completas y sugerentes para conocer la isla Saona.

El recorrido comienza con una travesía en barco hasta Mano Juan, un pequeño y encantador pueblo de pescadores donde el tiempo parece haberse detenido. Allí merece la pena pasear por sus calles de arena, descubrir las coloridas casitas de madera, curiosear en sus pequeñas tiendas o simplemente relajarse en la playa.

Muy cerca del pueblo se encuentra una laguna que suele estar habitada por flamencos, ofreciendo un espectáculo digno de admirar. A unos treinta minutos a pie, los visitantes pueden acceder a dos playas consideradas entre las más bellas de toda la isla: El Canto de la Playa y la Playa del Toro, ambas de aguas cristalinas y arena tan blanca que deslumbra al sol.

En Mano Juan también se puede visitar el Centro de Recuperación de Tortugas Marinas, conocido como “El Santuario de las Tortugas”. Este proyecto se dedica a proteger especies en peligro de extinción como la tortuga verde, la tortuga carey y la tinglar, que acuden cada año a desovar en las playas de Saona.

En el extremo opuesto de la isla se halla la Cueva de Cotubanamá, el histórico refugio donde se escondió el cacique aborigen que resistió a la conquista española. En sus paredes aún se conservan antiguos grabados indígenas. Se accede a ella por un camino de tierra que parte de la Playa Catuano.

Para los amantes del mar, el arrecife de Caballo Blanco es un auténtico paraíso para practicar el snorkel o el submarinismo. Entre sus corales habitan miles de peces tropicales y, con un poco de suerte, se pueden ver tortugas y delfines. En las cercanías descansan los restos de un galeón español del siglo XVII, testigo silencioso del pasado marítimo del Caribe.

Además, la isla sorprende con sus manglares, donde árboles como el mangle rojo y el negro hunden sus raíces en el agua salada, creando paisajes únicos, llenos de vida. Como broche final, nada mejor que visitar la Laguna Azul, una gigantesca piscina natural situada mar adentro, famosa por haber sido escenario de la película “El Lago Azul”, rodada en 1980 y protagonizada por Brooke Shields. Un rincón mágico que resume toda la esencia de Saona: naturaleza, historia y belleza sin límites.

Cómo llegar.

Sophie, una turista francesa, relata que conoció la isla Saona a través de una excursión organizada por Saona Island Stars, una empresa con más de 25 años de experiencia en la organización de visitas guiadas a la isla de Saona desde Punta Cana. Según cuenta, la excursión fue inolvidable: el grupo iba acompañado por un guía local que, durante el trayecto, explicaba con detalle la historia, la flora y la fauna de la isla, además de compartir anécdotas sobre la vida cotidiana de sus habitantes.

Este tipo de excursiones son una de las formas más populares de visitar Saona. Muchos paquetes turísticos incluyen excursiones a la isla que parten desde Santo Domingo, La Romana o Punta Cana. Los recorridos se realizan en grupos pequeños para garantizar una experiencia más personalizada y, sobre todo, para evitar la masificación, ya que Saona forma parte del Parque Nacional de Cotubanamá y se encuentra bajo protección medioambiental.

No obstante, quienes prefieren la aventura y desean moverse por su cuenta también cuentan con opciones para llegar por libre. Desde el puerto de Bayahibe, situado a unos 20 minutos en coche de La Romana, sale cada mañana, alrededor de las 9:00, un barco público que conecta directamente con la isla. El regreso está programado hacia las 14:00, lo que permite pasar la mañana explorando playas vírgenes, nadando entre aguas turquesas y disfrutando del ambiente relajado.

Además del barco tradicional, existen otras alternativas de transporte que añaden un toque diferente a la experiencia. Algunas empresas locales ofrecen lanchas rápidas que permiten llegar en menos de media hora, con paradas en bancos de arena y zonas de snorkel. También se pueden contratar catamaranes privados para quienes buscan un paseo más exclusivo, con música, comida y bebida a bordo. Incluso hay excursiones en kayak o paddle surf para los más aventureros.

Sea cual sea el medio de transporte elegido, el viaje a Saona es mucho más que una excursión: es una oportunidad para desconectar del ritmo cotidiano y disfrutar de uno de los paisajes más espectaculares del Caribe, donde la naturaleza sigue marcando el compás del tiempo.

La gastronomía.

Otro de los placeres que no puedes dejar escapar si visitas esta isla, es la de probar su rica gastronomía. La web de viajes The Best of DR señala que todas las excursiones que se organizan para visitar Saona suelen incluir una comida en uno de sus restaurantes. Los restaurantes de Saona, la gran mayoría ubicados dentro de Mano Juan, suelen ser locales pequeños y sencillos, pero acogedores. Donde lo más destacado es la frescura y calidad del producto: pescado, camarones y langosta capturados esa misma mañana en las aguas que bañan la isla. El pescado se suele comer frito, en trozos grandes, con una textura crujiente, acompañado de arroz y de rodajas de plátano frito, que se llaman tostones.

La langosta, por su parte, se prepara a la parrilla, y se sirve entera con una guarnición de ensalada y tostones de plátano verde.

Por lo general, la cocina dominicana es sorprendente. Es una fusión de influencias que incluyen la tradición precolombina, la forma de cocinar española y el aporte africano. La frescura del producto es una de sus características. Ya sea pescado, pollo, carne de cerdo, verdura o frutas tropicales, prácticamente son recogidas del mismo día. Muchos de sus platos tienen una base de sofrito que proviene de la influencia española.

Visto desde diferentes planos: la cultura, el contacto con la naturaleza, la tranquilidad, visitar Saona es una experiencia inolvidable que te reconecta con la idea que tenías cuando quisiste viajar al Caribe, y que en algunos aspectos supera las expectativas.

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