El presidente de una comunidad

El presidente de una comunidad

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¿Habéis sido alguna vez presidentes de una comunidad de vecinos? Es un engorro, una locura, un castigo ¿verdad? Pues imaginaos si tenéis que serlo de un edificio de oficinas. La semana pasada me llamó el anterior presidente de la comunidad del edificio diciéndome que ya había llegado mi turno. Me quedé helado y no supe reaccionar pero cuando lo pensé detenidamente hablé con quien tuve que hablar y contraté a los administradores de fincas en Zaragoza con mejores referencias a los cuales os recomiendo.

Yo llevo en el edificio dos años porque trasladé allí mis oficinas desde otra zona de la ciudad peor ubicada y desconocía que cada año se iban pasando la batuta de un inquilino de oficinas a otro y, desgraciadamente, había llegado mi turno así que organicé una reunión como nuevo presidente de la comunidad (algo que no hizo demasiada gracia a mis vecinos) y propuse la contratación de AdmiQuality. Lo que más me sorprendió fue la facilidad con la que aceptaron todos. Por lo visto nadie quiere ser presidente de la comunidad pero, al ser un edificio de oficinas, tampoco se habían atrevido a proponer la contratación de este tipo de servicio y el caso es que sólo hizo falta que yo dijera que me parecía una buena idea para que todos secundaran la moción así que me puse manos a la obra.

¿Os imagináis la de problemas que puede traer consigo ese cargo? A ver, por un lado has de llevar la comunidad, comprobar si todos los propietarios y/o inquilinos (todo depende de cómo esté montada la cosa) pagan regularmente el recibo de la comunidad y si hay alguien que los debe ponerte en contacto con él para que pague. Además, si se rompe o estropea algo tienes que hacerte cargo tú y llamar a quien corresponda: electricistas, fontaneros, albañiles, lo que sea, y asegurarte de recibirlos y pagarles una vez hayan realizado su trabajo. Pero lo peor de todo no es el trabajo que conlleva ser presidente de una comunidad, no, lo peor de todo es que pase lo que pase todos van a recurrir a ti y puedes acabar con la cabeza como un bombo en menos de cinco minutos.

Sinceramente, para mí es una tortura pensar en tener que aceptar el cargo y aunque estoy seguro de que habrá alguien a quien le guste tener ese tipo de responsabilidad también pero seguro estoy también de que al 90% de la población está de acuerdo conmigo en querer rechazar tal privilegio.