Abogado y emprendedor

Abogado y emprendedor

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Soy abogado de profesión, sin embargo, desde siempre he dedicado la mayor parte de mi carrera profesional a la creación, dirección y gestión de empresas. Mi último proyecto fue trabajar en Barcelona Abogados, el bufete del prestigioso Miguel Durán. Desde entonces, y viendo sus forma de trabajar, decidí realizar la apertura de un despacho de abogados, al estilo del que ellos tienen de abogados para empresas en Barcelona.

Mi estancia allí fue la mejor elección. Un máster y encima pagado. Desde el primer día quise poner en marcha una firma de abogados moderna e innovadora. El objetivo era fusionar las nuevas técnicas de la abogacía con un despacho tradicional. Es decir, y por poner un ejemplo con palabras, unir términos tan arraigados a la abogacía como vocación, excelencia, ética, honestidad, seriedad, confianza, lealtad con otros como el márketing, el desarrollo de negocio, la marca personal o corporativa, la comunicación, publicidad, reputación, posicionamiento o fidelización de clientes. Es decir, reinventar el sector. Algo que aprendí en este bufete de abogados laboralistas en Barcelona.

  • Una frase que no me canso de escuchar y de decir, es que los tiempos han cambiado notablemente y la abogacía no podía quedar atrás. El abogado debe de evolucionar con los cambios, y sin tener miedo. Proactivo es otra frase que se ha puesto muy de moda. Creativo también. Si unimos las dos, lo que nos da como resultado es que el abogado tiene que salir de la famosa “zona de confort”. Es decir, asumir verdaderos retos. En “Barcelona Abogados”, recuerdo que tenían muy claros estos conceptos.
  • Hay que comprender sus necesidades y sus negocios es un requisito imprescindible para que nos comprometamos y nos impliquemos con entusiasmo. El estar durante muchos años en el otro lado, es decir como cliente, me ha servido para conocer mejor lo que tenemos que dar como empresa de abogados. La calidad de nuestro asesoramiento debe estar adaptada a las necesidades concretas de cada situación.
  • Mi estancia en con estos abogados de empresas en Barcelona me sirvió para saber que hay que estar en el día a día con nuestro cliente. Hacerles ver que estamos en los buenos y en los malos momentos, es decir, a las duras y a las maduras. Y algo que les gusta mucho es anticiparnos a sus necesidades. Es decir, ser preventivos. Preguntarles cómo van sus asuntos, si necesitan ayuda…no esperara a que vengan ellos con el problema.

  • Me acuerdo que muchas empresas podrían haber evitado verse avocadas al Concurso de Acreedores si hubiesen recurrido a un despacho de abogados expertos en insolvencias y restructuración de deuda. Como por ejemplo eran estos abogados mercantiles en Barcelona. Hay que darle al cliente lo que pide y necesita en el momento.
  • También me gusta recomendar a mis colegas recién salidos de la facultad que apuesten por la especialización. Es decir, ofrecer solo unos determinados servicios en un determinado nicho de mercado, sector de negocio o perfil de cliente. Todo ello con la intención de vernos como un referente dentro de ese sector. Sin duda, es un disparo al aire que puede salir de maravilla o para echar a llorar.
  • Otra de las herramientas clave para el abogado del siglo XXI, es internet 2.0 y las redes sociales. No podemos darlas la espalda. El otro día vi que aún son muchos los despachos que no lo usan. Supongo que algunas serán por dinero, otras por desconocimiento…pero creo que en un futuro cercano serán todas. Ahora bien, es imprescindible antes de lanzarse a la red, , diseñar una estrategia clara y precisa, definiendo cuales son los objetivos que queremos alcanzar. Es decir, saber por qué y para qué estamos en el ciberespacio.

Espero que con estos pequeños consejos, sirva para unir las palabras abogados y emprendedor. Pero insisto, si quieres un buen ejemplo toma nota del bufete de abogados de Miguel Durán. Toda una referencia.