Nada más universal que el agua y con tantas opciones que hacen dudar a cualquiera. Aunque en este aspecto soy firme defensora del agua del grifo, soy fan y bebedora de agua nata; lo cierto es que las opciones son tan numerosas como válidas. De hecho, lo verdaderamente importante es beber agua, no si te gusta más la filtrada o la que tiene gas. Cada vez somos más conscientes de que hay que beber agua y tenemos hábitos más saludables; buscamos cuidarnos, hacer deporte, llevar una dieta sana y equilibrada… Todo esto está muy bien y, si añadimos la ingesta de entre un litro y medio y dos de agua al día, mejor que mejor.
Teniendo claro que beber agua es fundamental para mantenerse hidratados y para que el organismo funcione correctamente, lo siguiente que hay que tener claro es el tipo de agua más saludable. Existe un debate sobre si es mejor el agua de botella o la filtrada, así como la del grifo, que es la misma que la filtrada, pero sin filtrar. Esta duda insistencial, por la insistencia, no por la existencia, se la plantean muchas personas. Ambas alternativas tienen sus ventajas y aspectos a considerar, por lo que vamos a proporcionar alguna información para ayudar a los indecisos a decidirse, teniendo en cuenta aspectos como la salud, la sostenibilidad e incluso el ahorro económico.
Plantearse elegir agua del grifo, embotellada o filtrada implica tener en cuenta una serie de aspectos relacionados directamente con el consumo, la salud o el medioambiente. Para la Organización de Consumidores, la calidad del agua del grifo resulta de lo más segura, aunque haya muchas personas que piensen lo contrario. No obstante, aun cumpliendo los estándares de calidad, para muchos existen los matices: sabor, partículas que no se han eliminado, etc. Todo depende de la ubicación geográfica, ya que se percibe el sabor del agua depurada de una manera en Madrid y de otra muy diferente en Toledo, por citar dos ejemplos muy claros.
De la botella al vaso
Pararse en un lineal de aguas puede impresionar: más de veinte marcas, no sé cuántos formatos, etiquetas, precios… Decidirse puede ser todo un desafío, salvo que, como a mí, te dé lo mismo y cojas lo que te queda a mano. En cualquier caso, nos hemos ido a los profesionales de la distribución de agua embotellada de Agua La Marea, dedicados a distribuir agua embotellada a empresas y domicilios particulares con diferentes formatos, y ahora sabemos cuáles son los criterios a seguir para elegir el agua embotellada.
La normativa diferencia tres categorías: agua mineral natural con una composición química constante y declarada oficialmente, embotellada en origen y sin tratamientos químicos; agua de manantial, procedente de manantial natural con calidad sanitaria controlada pero menos garantías de homogeneidad; agua preparada, de origen variable, sometida a tratamientos para hacerla apta para el consumo, como filtración, mineralización añadida, etc.
En referencia a la mineralización o residuo seco, indica las sales minerales que lleva disueltas en el agua en miligramos por litro. Encontramos muy débil, menor a cincuenta miligramos por litro, con sabor neutro, ideal para biberones, dietas bajas en sodio y consumo cotidiano; débil de cincuenta a quinientos miligramos por litro, equilibrada entre ligereza y sabor, más consumida a nivel doméstico; mediana/fuerte con quinientos a mil quinientos miligramos por litro, con un carácter mineral marcado, utilizadas como aguas de mesa diferenciadas; y muy fuerte, con más de mil quinientos miligramos por litro, mineromedicinales, no recomendadas para consumo continuo.
Otro factor a considerar es el sodio, que varía mucho en función de las marcas y puede ser muy bajo, por debajo de cinco miligramos por litro; bajo, de entre cinco y veinte miligramos; medio, con un nivel de entre veinte y cincuenta miligramos por litro; y alto, cuando supera los cincuenta miligramos.
Dicen que el agua no tiene sabor, pero no es cierto. El sabor se compone de tres componentes principales: la mineralidad, el equilibrio iónico y la carbonatación.
El origen del manantial debe considerarse, ya que no todas las marcas lo declaran con detalle ni publican fichas completas. Si se puede elegir, mejor buscar un manantial identificable, la captación declarada oficialmente en el BOE, la distancia del núcleo urbano, de áreas industriales o de cultivos intensivos y la profundidad del sondeo.
Tener en cuenta el envasado y la sostenibilidad, con tres puntos a revisar, como el material del envase, la reciclabilidad y el peso por litro envasado.
Evidentemente, hay que valorar el precio por litro, siendo la media de entre treinta y sesenta céntimos por litro para el consumo cotidiano de una familia.
Con todo esto aprendido, escoger el agua embotellada es mucho más fácil; basta con leer la etiqueta para filtrar la más adecuada para tus gustos y preferencias.
El filtro del agua
No hablamos de mejor o peor, tan solo de opciones. El agua siempre es buena, sea de filtro, de botella o de grifo. El agua embotellada tiene un coste medioambiental que no se tiene muy presente: para producir un litro se desperdician tres y se necesita plástico para su envasado. Aunque cada vez se salvan más estos obstáculos.
Cuando se trata de un sistema de filtrado de agua, se habla de que el agua pasa por un proceso de purificación mediante el cual se eliminan el cloro y otras impurezas. Los métodos de filtración son variados, pero con un mismo objetivo: mejorar la calidad del agua eliminando las sustancias y preservando los minerales.
Comprender qué es eso del agua filtrada y las ventajas que puede proporcionar su consumo requiere profundizar en los métodos por los que se obtiene. Existen varias técnicas de filtración con sus correspondientes procesos. Con el método de filtración mecánica, se utiliza alguna barrera para filtrar partículas, como se utiliza un tamiz o red para atrapar la suciedad y permitir que pase el agua limpia:
- La filtración de carbón activo utiliza partículas de carbón que eliminan los sabores y olores del agua, además de filtrar los productos químicos presentes.
- La ósmosis inversa funciona forzando el paso del agua a tr.vés de un filtro que elimina contaminantes como el flúor o el plomo.
- El intercambio iónico implica la sustitución de iones en el agua por otros, resultando eficaz para suavizar las aguas duras eliminando los iones de calcio y magnesio.
- Los filtros UV utilizan los rayos para la eliminación de bacterias y virus en el agua, desinfectándola de forma eficaz sin tener que recurrir a productos químicos.
Cada uno de estos métodos tiene su enfoque y garantiza la seguridad y calidad del agua potable, al mismo tiempo que mejora el sabor. El agua filtrada es el agua que se purifica con alguno de estos métodos para eliminar las impurezas que pueda presentar, como la suciedad y las bacterias, conservando al mismo tiempo los minerales. Un método de purificación que conserva la composición mineral natural del agua.
Con la filtración, sea del tipo que sea, se mejora la calidad del agua al eliminar sustancias y preservar los minerales, por lo que los beneficios que se obtienen son los siguientes:
- Elimina las toxinas. Ayuda a eliminar sustancias como el cloro y el plomo presentes en las tuberías o el ambiente.
- Conserva los minerales, de manera que conserva en su composición nutrientes esenciales para nuestro organismo.
- Ahorra dinero, ya que es más rentable colocar los filtros en casa que comprar agua de forma frecuente.
- Ayuda al planeta. Beber agua filtrada es beneficioso para el medio ambiente, ya que se reducen considerablemente los desechos plásticos de los vertederos y los océanos, mejorando la prosperidad del planeta.
- Se mejora el sabor y el olor al eliminar aquellas sustancias que pueden influir en ambos aspectos.
- Reduce los riesgos para la salud al eliminar aquellas impurezas que puede llevar el agua y depositarse en el organismo de forma gradual.
- Tener un sistema de filtración en el hogar garantiza que siempre se va a tener acceso al agua sin que haya que preocuparse por la contaminación o por almacenar botellas.
- Favorece la hidratación; al tener buen sabor y estar limpia, puede llegar a motivar a aquellas personas que no beben con frecuencia a beber más durante el día.
Ahora ya sabemos algo más sobre el agua de botella y el agua filtrada. A la hora de plantearse el consumo entre agua del grifo, de botella o filtrada, lo que hay que tener en cuenta son los aspectos directamente relacionados con el consumo, la salud o el medioambiente. El agua del grifo es más que segura, aunque es cierto que en algunas localidades su sabor deja mucho que desear. El agua embotellada tiene sus propios beneficios y propiedades naturales, aunque no siempre se conserva como es debido. El agua filtrada parece la solución más completa, ya que elimina los residuos y mejora el sabor sin tener que ir a comprar agua de forma continuada. Como todo, la elección es algo personal, ya que lo verdaderamente importante es beber agua, no tanto si es de grifo, de botella o filtrada, salvo condiciones de salud particulares.