Si visitas Córdoba y solo puede ver dos monumentos…

Lo mejor de la ciudad de Córdoba es que siempre luce bonita. Da igual la época del año en que la visites, la ciudad de la mezquita está vestida con sus galas. Las atracciones turísticas de la ciudad son muchísimas: la mezquita-catedral, el Alcázar de los Reyes Cristianos, el casi desconocido Palacio de Viana, la Torre de Calahorra, el templo y el puente romano de la ciudad, la famosa Calleja de las Flores, la Sinagoga o la Torre de la Malmuerta. Y un larguísimo etcétera de monumentos y sitios de interés que se recomendaría ver en la ciudad andaluza. Pero, en este artículo, vamos a ponernos en la tesitura de que solo tenemos un día para visitar la ciudad. Lo ideal, evidentemente, es poder quedarse unos días y disfrutar de la vida en ella de una forma más tranquila y desahogada, pero si las circunstancias no lo permiten, aquí están nuestras sugerencias.

Obviamente, la Mezquita de Córdoba es uno de los grandes atractivos del viaje. Antes denominada Santa María Madre de Dios o Gran Mezquita de Córdoba, la antigua mezquita toma ahora el nombre de Catedral de la Asunción de Nuestra Señora. El edificio es el monumento más importante de la arquitectura islámica en la península ibérica, junto a la Alhambra de Granada. Sus idas y venidas como templo católico y musulmán la convierten en un ejemplo perfecto de cómo las culturas se mezclan en nuestro patrimonio desde el pasado hasta la actualidad. La Mezquita-Catedral de Córdoba está declarada como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Su principal atractivo es, no cabe duda de ello, el denominado patio de las columnas, también denominado bosque de las columnas por el aspecto que le confieren sus más de 1300 columnas de mármol, jaspe y granito en las que se apoyan los 365 arcos rojos y blancos que tan famosos se han hecho a través del mundo con el paso de los años. No obstante, más allá de las columnas, la Mezquita ofrece estancias de belleza inigualable, como las diferentes evoluciones de la mezquita original que se pueden ver en el interior del monumento, la Torre del Campanario, junto al alminar; el bellísimo Mihrab, construido durante la ampliación que llevó a cabo Alhaken II, que será la más bella y rica de todas las que ha experimentado el edificio. Tras la reconquista de la ciudad en 1236, el templo se convirtió al cristianismo hasta la actualidad, lo que también se percibe en las diferencias artísticas que se aprecian entre las diferentes etapas de la Mezquita.

Vista la Mezquita, permitidnos que os recomendemos la joya oculta de Córdoba. Se trata del Palacio de Viana, creado en 1492 por los Figueroa sobre los muros de una casa medieval. La historia del edificio se puede leer en cinco tramos, desde su creación hasta la actualidad. La primera época, con los señores de Villaseca (los Figueroa y Córdoba) como propietarios, duró desde su fundación hasta el año 1704, es decir, algo más de dos siglos. Entonces, el palacio pasó a manos de los marqueses de Villaseca, los Fernández de Mesa, gracias a una herencia. Esta familia mantendrá el palacio poco tiempo en relación con la anterior etapa. En el año 1788, es decir, con solo 84 años en la propiedad, esta pasaría por acuerdos matrimoniales entre familias a los Cabrera, marqueses de Villaseca (por parte de la mujer, descendiente de la etapa anterior) y condes de Villanueva de Cárdenas. Esta etapa concluiría en 1871, cuando los marqueses de Viana, la familia Saavedra, heredaría de sus parientes el palacio, que mantendrían hasta 1980, fecha en la que fue adquirido por la Caja Provincial de Córdoba (Cajasur), que lo gestiona desde entonces hasta hoy.

Uno de los principales atractivos de este Palacio de Viana es el conjunto que forman los patios junto a los salones de la casa palacio. Vinculada al señorío desde sus inicios, el aspecto es señorial e imponente. A través de sus estancias se puede ser testigo de la Intrahistoria de la ciudad cordobesa con una visita que puede terminar en los majestuosos doce patios y el jardín, sin duda una de las experiencias del recorrido.

La Mezquita y el palacio, dos imprescindibles en la excursión a Córdoba.