Cuál es el decálogo para la protección del autónomo

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Los autónomos son unos trabajadores muy especiales, siempre en riesgo, ya sea por las condiciones de su tipo de tarea o bien porque la ley no los protege mucho, especialmente en lo que a derechos se refiere, mientras sí los explota bastante, haciéndoles pagar cada mes, ingresen o no. Por ello, queremos darles un decálogo basado en la guía de protección del autónomo para que tengan los menos imprevistos posibles, especialmente previniendo los riesgos, ya sea utilizando líneas de vida de Traltur si el trabajo es en altura o cuidando su espalda con mejores posturas si deben descargar y mover material, y sobre todo contratando una póliza aseguradora, que es lo que mejor puede cubrir los accidentes o imprevistos. Todo cuenta, ya que si un día faltan al trabajo dejan de ingresar y no tienen cobertura para ello como los trabajadores por cuenta ajena.

  1. Como decíamos, este el primer punto y el más clave. Frente a cualquier riesgo, ante todo se deben poner los medios necesario para evitarlo o intentar que sus consecuencias no sean tan perjudiciales. Para eso, con los medios al alcance, hay que prevenir aquellos riesgos a los que se pueda estar expuestos. Y no es tan difícil. Como decíamos, que tenemos que hacer un trabajo en altura, como puede ser la limpieza de cristales si tenemos una compañía que se dedica a las labores de limpieza, pues podemos contratar una línea de vida de Traltur para estar seguros en la altura. Incluso en esta compañía nos ofrecen también cursos de trabajos en altura, para controlar todos los riesgos posibles. Otro ejemplo puede ser el de aquellos que en su trabajo manipulan componentes tóxicos, como los albañiles que tienen que hacer mezclas. Ellos mismos deben concienciarse para usar guantes y mascarillas. Si no lo hacen, de nada vale quejarse después.
  2. No obstante, hay situaciones (por ejemplo, un accidente laboral, un incendio o un robo) cuyas consecuencias pueden escapar a nuestro control y posibilidades económicas. En estos casos, la mejor opción es disponer de un seguro que cubra este tipo de imprevistos.
  3. Hay que examinar los riesgos y valorar las necesidades reales de protección de cada persona, y con base en ello, seleccionar las diferentes soluciones aseguradoras. Para que el seguro que se contrate sea el adecuado, el trabajador autónomo debe analizar conjuntamente las coberturas ofrecidas, la solvencia y la solidez de la entidad aseguradora, los servicios adicionales ofrecidos por el seguro y, finalmente, el precio.
  4. Recomendamos el asesoramiento de los profesionales del seguro. Es importante establecer en la póliza capitales asegurados suficientes y realistas, para lo cual es conveniente un análisis reposado que contemple todas las necesidades a cubrir.
  5. Antes de suscribir un seguro se deben resolver todas las dudas que surjan. Por su propia finalidad, las pólizas son documentos extensos y relativamente complejos: es importante conocer y comprender el significado de las diferentes coberturas y condiciones. En caso de tener dudas en este sentido, podemos acudir a una asesoría legal de confianza, como es Trámites Fáciles Santander, para que nos dejen más tranquilos antes de la firma.
  6. Hay que conservar la documentación relativa a las pólizas, así como las sucesivas comunicaciones con la compañía. Resulta recomendable archivar en formato electrónico todos los documentos y contar con una copia de seguridad o almacenamiento en la nube.
  7. Deben mantenerse los contratos de seguros actualizados, ya que los riesgos van variando en función del paso del tiempo. De la misma forma que, por ejemplo, el contenido de un comercio o la actividad de un trabajador van evolucionando, y las obligaciones con proveedores y clientes probablemente cambien también, todos estos cambios deben recogerse en las pólizas para estar tranquilos con la cobertura que nos dan.
  8. Se debe informar a la compañía aseguradora, tan pronto como sea posible, de todos los cambios que afectan a las pólizas: cambios de local o de cuenta bancaria, adquisición de nuevos equipos, incorporación de mejoras o medidas de seguridad, estados de salud, etc.
  9. En caso de siniestro, las actuaciones a seguir se resumen en, primero, intentar mitigar el daño, después notificarlo a la aseguradora y mantenerla informada, especialmente si se producen recuperaciones. Una vez controlada la situación, hay que tomar el mayor número de datos posibles y comunicarlos cuanto antes a la compañía aseguradora. En caso de existir otras personas o bienes de terceros perjudicados, se debe comunicar la existencia de un seguro. Si es un accidente con un vehículo, hay que recordar que primero hay que proteger la zona para evitar más accidentes, a continuación avisar a los servicios de emergencia y, en tercer lugar, intentar socorrer a las víctimas.
  10. Hay que confiar en la protección que ofrecen las pólizas. Y para cualquier cuestión que surja, ponerse en contacto con la compañía o el agente de seguros.